¿Qué esperar del Senado ya sin Batres?

www.excelsior.com.mx
2019-08-27

Tal cual - Angel Verdugo. Lo sucedido como consecuencia del enfrentamiento entre Batres y Monreal es, apenas, el primer round de una larga pelea; tome asiento y haga acopio de una dosis de palomitas porque el espectáculo que nos brindarán las dos facciones irá para largo.

Los acontecimientos posteriores a la derrota de Martí Batres en su intento reeleccionista en la Mesa Directiva del Senado de la República tendrán, nadie con dos dedos de frente lo pondría en duda, consecuencias negativas para el trabajo legislativo. Más aún cuando, quizás no con la misma rispidez ni intensidad, habrá nuevos roces y enfrentamientos que harán más evidentes las divisiones las cuales, todavía hace unos días, se intentaba sin éxito cubrir con el maquillaje de las formas acedas de la política mexicana.

Asimismo, para reforzar lo arriba planteado, es altamente probable que algunas de las escenas vistas en el Senado de la República, sean repetidas —con actores diferentes—, en la Cámara de Diputados.

Los próximos meses —al menos de aquí a fines de noviembre cuando Morena defina la nueva integración de su Consejo Nacional y elija al reemplazo de la señora Citlali Ibáñez— serán, para decirlo sin rodeos, el campo de batalla entre las dos facciones que se disputan el control del aparato de Morena con miras a hacer avanzar su visión política y económica.

Las ondas expansivas del enfrentamiento llegarán más allá del encargo de la señora Citlali en Morena y se mostrarán, a querer y no, en algunas áreas del primer círculo que rodea a López sin dejar de lado, por supuesto, a una buena parte de las secretarías del gobierno federal. En esencia pues, lo sucedido como consecuencia del enfrentamiento entre Batres y Monreal es, apenas, el primer round de una larga pelea; tome asiento, y haga acopio de una dosis de palomitas porque el espectáculo que nos brindarán las dos facciones irá para largo.

Ahora, veamos las cosas desde una óptica diferente; dejemos de lado un enfrentamiento el cual, pienso, por sus efectos, no sólo debería interesar a los militantes o miembros y simpatizantes de eso que no sabemos si es una aglomeración de oportunistas y arribistas de la política, o refugio de no pocos buscadores de puestos como medio para hacer negocios.

Las consecuencias de lo que se ve como un enfrentamiento entre radicales y moderados en Morena, ha tenido ya sus efectos negativos en la actividad legislativa debido, sobre todo, más que a las ambiciones personales, a las visiones opuestas de la política y la economía que mantienen los integrantes de ambos grupos.

Los radicales, cuya visión en lo económico se ubica a años luz de la realidad actual, piensan que su llegada al Senado de la República o a la Cámara de Diputados es la oportunidad esperada para, desde ahí, llevar a cabo la revolución proletaria con la que han soñado desde sus años mozos. Sus posiciones representan un claro rechazo a la realidad en la que se mueve México, no únicamente en lo interno sino también en los espacios económicos y políticos externos.

Tanto la apertura económica como nuestra incorporación a la globalidad —con la consiguiente aceptación de las nuevas reglas que rigen la economía en prácticamente todos los países—, constituyen algo que estos ilusos y desfasados históricamente creen (sí, creen, porque sus posiciones son casi de fe religiosa) poder hacer a un lado, y comportarse como si estuvieren todavía en aquellos años del CCH y sus asambleas o para algunos, en los disturbios callejeros donde, en total impunidad, destrozaban propiedad pública y privada, ambientes delictivos en los cuales se movieron durante años con la complicidad de la autoridad.

Hoy, ya sin Batres al frente de la Mesa Directiva del Senado de la República y con un reducido séquito de incondicionales que en el mejor de los casos llega a la media docena, los moderados —de decidirse—, podrían negociar mejores leyes eliminado ya el obstáculo que por sus posiciones acordes con la realidad de los años setenta del siglo pasado, dificultaba cuando no impedía la puesta al día del caduco andamiaje jurídico que obstaculiza la modernización de las estructuras económicas.

¿Encabezará Monreal este esfuerzo modernizador que choca con la visión anquilosada de López? ¿Forjaría alianzas con la oposición para derrotar la visión de antepasado de los radicales enquistados en San Lázaro y el Senado, y en todas las áreas del gobierno federal?

La remoción de Batres y la derrota de su ambición reeleccionista son, sin duda, un avance y parte importante de la lucha en contra del retroceso que defienden los radicales. ¿Lo entenderán Monreal y los suyos, y actuarán en consecuencia?

Comentarios sobre esta nota

Opiniones sobre esta nota