¿Se puede frenar la caída de los pronósticos del PIB?

Enrique Campos Suárez
2019-06-03

La gran pregunta es si estarían ya cerca de tocar piso las revisiones a la baja de los pronósticos del comportamiento económico.

Cinco meses completos de este año y los cinco complicados en materia económica. De hecho, los seis meses de este gobierno han tenido resultados mediocres en materia de crecimiento, porque las señales y acciones de la 4T han corrido en sentido contrario de la creación de confianza.

Son conocidas las pifias internas que han provocado que la economía no pueda encontrar ese camino rumbo al crecimiento sostenido que propuso el presidente desde la campaña electoral. Porque con todo y los otros datos, la desaceleración se siente en todos los sectores.

El Banco de México rompió el piso de 1% de crecimiento esperado con la parte baja del umbral estimado de expansión del Producto Interno Bruto (PIB) para este 2019. La media del rango que ahora considera el banco central, entre 0.8 y 1.8%, es de un crecimiento estimado para el PIB de 1.3%, que por ahora queda del lado de los pesimistas.

La gran pregunta es si estarían ya cerca de tocar piso las revisiones a la baja de los pronósticos del comportamiento económico.

La 4T es capaz de sorprendernos todo el tiempo con decisiones que corren en contra del sentido común y de la necesaria creación de confianza entre los agentes económicos.

Los proyectos prioritarios de inversión del gobierno no son, de origen, generadores de inercia de inversión privada y todos presentan aparentes retrasos en su inicio: Tren Maya, refinería de Dos Bocas, el aeropuerto junto al cerro de Paula, etcétera.

Se empiezan a corregir las fallas en la ejecución del gasto público, aunque se abren dudas de la disponibilidad de recursos suficientes para cumplir con todos los requerimientos presupuestales.

Pero lo que más puede condicionar el comportamiento económico en cualquier dirección son dos asuntos pendientes hasta hoy.

Primero, la aprobación por parte del Congreso de Estados Unidos del acuerdo comercial entre los tres países de América del Norte, el T-MEC. Esto, junto con la eliminación de las amenazas arancelarias de Trump.

Y, en segundo lugar, el todavía ausente plan de negocios de Pemex y su aceptación en el mercado.

La ratificación del acuerdo comercial está fuera de nuestro alcance. México es solamente un testigo de las decisiones políticas en el Congreso estadounidense. Aunque su aprobación o no implique consecuencias financieras y económicas importantes.

Y el plan de negocios de Pemex es indispensable para conocer el futuro de la calificación crediticia de la empresa. Si en los mercados no hace sentido esa ruta, con sus proyectos de inversión, los planes de asistencia fiscal, el financiamiento y manejo del vencimiento de su deuda, vendrá una degradación de la recomendación de las calificadoras que tendrá efectos inevitables en las expectativas de crecimiento.

En la medida en que no se pueden hacer pronósticos económicos confiables es difícil que se asuman decisiones de inversión. Y la postergación de las inversiones cierra el círculo vicioso de la desaceleración económica.

Así que urgen para este primer semestre la aprobación del T-MEC, la eliminación de las amenazas arancelarias de Trump y un plan de negocios de Pemex que guste en los mercados.

De lo contrario, no estaría lejos el día en que las estimaciones del comportamiento del PIB pudieran perforar el piso de los resultados positivos.

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